Arte y Cultura — 01 octubre 2012
PLEXI Arturo Calce & Jacqueline Bozon

Arturo Calce y Jacqueline Bozon interactúan en esta exposición que compara dos representantes de culturas aparentemente distintas, pero que ya en el pasado se han influenciado artísticamente, en un período crucial de la Historia del Arte: el Renacimiento.

Representantes de arte flamenco, como Jan Van Eyck, revolucionaron el uso del color y la luz en artistas como Piero Della Francesca. Viceversa, la cultura italiana se difundió ampliamente en los Países Bajos debido al movimiento de los cartones de pinturas de los maestros tapiceros italianos enviados a Bruselas para la tejeduría de tela. Muchos artistas flamencos viajaron a Italia, elemento típico de la formación de los miembros de la corriente artística, más tarde definida de los Romanistas; mientras que otros, como Jan Van Scorel se inclinaron hacia los elementos estéticos venecianos derivados de Giorgione y Tiziano.

En la época contemporánea en la que todo es accesible, resultado de una cultura globalizada, quiero hacer hincapié en la influencia de las raíces y la tradición que no abandonan la semilla de la creación. Calce se expresa a través del medio pictórico utilizando una línea firme y figurativa que revela su vínculo con la tradición. El plexiglás como soporte lo libera del clasicismo de la tela y trae una dimensión de sorpresa. Las figuras que provienen de su pensamiento/sentimiento y que aparecen de detrás del vidrio son el resultado de una necesidad innegable de expresión a través de una barrera protectora, una distancia con el observador, llamado a una atención atemporal, como si quisiera protegerlo de su mundo emocional.

Al mismo tiempo, la transparencia y el reflejo admiten una profundidad intima y reflexiva. Bozon utiliza fuertemente el color y la línea, en una búsqueda constante de profundidad, obligando al espectador a cavar capa por capa, línea por línea, en busca de una comunicación más íntima.

El color pastel evoca la superficialidad en la que se puede detener la mirada, estado de paz aparente, que me transporta a los cuadros de Etel Adnan, su uso del color pastel tono sobre tono y la relación que tienen con su poesía. En su ensayo de 1996, “Para escribir en un idioma extranjero”, expone, “el equivalente del arte abstracto es la expresión poética: Yo no tenía necesidad de usar palabras, pero líneas y color.” Frente al trabajo de Bozon, como si se tratara de un espejo del alma, el espectador podrá decidir si ir más allá de lo superficial y aparente.

Estas obras están inspiradas en Ibiza y su gente, o más bien en la imagen que el outsider tiene de esta dimensión. La repetición de líneas y colores, es para ella un acto meditativo y consciente que subraya la diversidad, en contraposición a la mirada desinteresada.

La capa de resina con la que cubre el color acomúna una vez más Bozon a Calce en un intento de no hacer inmediata su visión íntima de la realidad. También simboliza su afiliación clara y consciente de pertenencia a la contemporaneidad en la que la ficción y lo real se funden detrás de hábitos dictados por los avances tecnológicos.

Una época donde cada experiencia vivida adquiere una importancia digna de protección y conservación.

por Stephanie Mareri

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